La fantasía del chat hecha realidad y decepción.



Nadie se lo imagina, aunque se supone, pero cuando uno le agarra el gusto a alguien pierde sentido crítico y no mira a nadie, solo piensa en eso y se concentra hasta lograr conseguirlo.
Eso fue lo que relativamente me pasó, conocer y mirar los gustos de cada quien. Así empezó, luego de una mala racha de año nuevo, acabé una conversación para retomar una nueva, más interesante por donde la percibí. Un “direct” en Instagram apertura la confianza, y pasando de ahí le pedí su whatsapp.

Todo fue de lo más marica (genial como una lombriz), luego me di cuenta que seguía una página en la que soy community manager, compartíamos opiniones, no me dejaba plantado con un clásico “ah ya”. Era interesante, si hablaba por el chat era porque me sentía bien. Y así fue, dejándolo fluir todo.
Suelo ser calculador al momento de conversar, procuro sacar la mejor respuesta, pero la confianza hizo que me olvide de eso y felizmente seguía todo bien. Pero no asumía una cosa importante: Una cosa es el chat y otra la realidad.

Indirectamente le dije que me gustaba. No confundir un gusto a un deseo que conlleve una relación, eso es decisión mutua y requiere de tiempo. No sé si lo entendió así o simplemente le llegó. Es una real huevada, a este paso me quedaré solo hasta que alguien esté conmigo por simple pena, pero eso es lo que menos quiero.

No había iniciativa, fue por cosa del destino. Lo conocí, lo físico me importó muy poco para una persona con la que comparto opiniones, son cuestión de actitudes, no las toleré hasta cierto punto. Totalmente esquivo y algo intolerante para mi sarcasmo fue. Duh. ¡Ya fue! – me dije. Y así fue, me rendí. Seguimos conversando hasta el día siguiente. ¿Seguiremos conversando igual? ¿Cómo antes? Creo que la confianza será limitada por si no quiero joder con mi sarcasmo. Son cositas.