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| Misma imagen para un mejor recorte |
De la nada lo fue todo y de lo que fue todo, cambió y se
convirtió en nada. Así van las cosas, un lindo y hermoso vaivén de felicidad y
tristeza, absoluta o también relativa que, este último podía ser superado con
mucha facilidad, sencillamente, las cosas eran así, quizás por ceguera no dije
nada pero la vida se hizo para eso, para sonreír y para sufrir.
Una persona llego ya hace más de tres meses y cuatro días a
mí, no, no fue para hacerme la vida imposible, no siento despecho alguno, si
no, para ser mi breve compañía, que sin duda fue genial mientras duró, el
momento en que me propuso para iniciar una bonita relación, porque fue la misma
persona que lo propuso, fue de un brillo de luz luego de casi un año de soledad
sentimental si es que se le puede llamar, la respuesta fue un sí, un beso
frente a un malecón y caminatas bajo el mar con unos provocadores abrazos que
me aliviaban la soledad que tenía, sin duda. Un genial día, pues inicié mi
relación.
Hubieron bastantes momentos bonitos mientras duró, sin duda,
el evento de una inauguración de un local de promoción juvenil, en la que me
encontré con varios conocidos, me liberé un poco, hasta inclusive nos tomamos
nuestras primeras fotos juntos. Ese fue uno de los mejores días, para qué
quejarme.
El primer mes fue genial, no nos vimos el día en la que
iniciamos, pero el sabor de las mandarinas aún las conservo con esa fría noche
que junto a esa persona apaciguaba esa sensación de frio, ese frasco de vidrio,
la carta, aún las conservo y prometo conservarlas, los detalles suelen ser
gratos cuando ambos se llenan de emociones.
Las cosas se ajustan para el segundo mes, inicié varias
cosas nuevas con esa persona, era extraño para mí, lo fui asumiendo luego, pero
a pesar de eso, las ganas de seguir juntos estaba vigente, como una jardín de
flores que quería solo que lo vayan a visitar. Fui conociendo algunos defectos
de él, con diálogo se soluciona todo, y así fue.
No todo se ilumina tal y como se plasma en publicaciones en
las redes sociales, la relación se hizo pública, asumo eso como un error de
ambos, pero qué más da, lo que se publica, queda plasmado. La desmotivación y
dudas me llenaban de incierto, me cuestionaba. Eran momentos negros para mí.
Todo tiene un límite, se lo dije en persona. Y sí, el límite llegó, pero de la manera más
asertiva e inesperada posible en la que un “Ya no estamos” de su parte cambió
todo, y luego dejar en claro que no da marcha atrás en sus decisiones fue un
remake fatal para ese shock de sentimientos que tenía.
No lo supero hasta
ahora, se hace extrañar, demasiado, hallaba en esa persona cosas que era difícil
de encontrar, pero ¡Todo tiene un límite!
Ahora, desapareció, habrá sido lo mejor, lo adecuado, ojalá, algún día,
volvernos a ver y sonreír por lo que pronto será un recuerdo más.
Una postdata: Recuerdo y recomiendo la frase en la que mi
docente de psicología decía “En el amor hay siempre que guardar un lutito”, eso
haré, pues estoy agradecido de la relación, estaré solo, por ahora.
