El sentido de ser una “palmerita” en mi vida


No tenía otra imagen, lo siento | Foto: José Aguirre
Tiene su raíz este asunto, empieza desde que mi pareja me terminó, el remordimiento sumado a mi angustia de pensar si regresaré con mi pareja, para los que no saben, me costó un año, 365 días de mi vida dedicados a una persona que ya no quería saber nada de mí, o quizás sí pero solo para joderme.

Durante ese tiempo, era un escolar de cuarto año de secundaria, tenía compañeros, no amigos, amigos era cuatro hasta cinco personas que éramos autoridad en el colegio que estudiaba, ejercía mis labores al pie de la letra y al margen de las normas de la institución educativa. Mi personalidad y mi actitud ante las personas, en su mayoría era motivo de desagrado para los alumnos del cole, que bordeaban los 750 en el turno que cursaba.

Así fue como de no tener amigos en número pasé a ser una persona aislada con mis cinco amiguitos de una élite y me calificaron de “palmerita”. Un adjetivo nuevo para mí, era  la mezcla de soledad, aislamiento y egocentrismo. ¡Uy! El orgullo de ser alguien me tenía grande en poder pero vacío en amistad. Trágico pero ya lo superé, o quizás no.

Han pasado tres años desde ese día en el que me calificaron como “palmerita” cada vez que expreso mi soledad o aislamiento ya sea por chat o verbalmente digo “¡Estoy solo como una palmerita!” se me queda pegado, quizás sea de por vida o quizás la vida me viene con otra de sus pendejadas y me jode de nuevo.

Ya estando en la universidad pasé de tener compañeros a tener fuentes de información, eso mucho más lejos de tener amistades, el efecto palmerita se reactiva aquí , en esta etapa de mi vida, incluso, en mi grupo de clase, nos juntamos para hacer el trabajo y terminado eso paso a ser una palmerita hasta que alguien me hable algo interesante.

Estoy con alguien, ponemos una brecha aquí. Tenía un arduo día, primero me toca ir al Rimac a ver una película independiente y luego ir entrevistar a un político en la Municipalidad de Lima, el efecto palmerita me hace pensar cada momento que paso imaginando a mi mejor compañía conmigo en estas aventuras, pero él tenía otros problemas que no vale hablar acá. Ni modo, haré que no vi a mis compañeros de grupo y sus parejas besándose mientras comía solo un tazón de pop corn con abundante sal para la amargura.

El efecto palmerita o el ser una palmerita puede ser provocado por mi o por terceros, el tan solo sentirme aislado en un grupo de amigos, mientras ellos se abrazan, se joden y se ríen me hace sentir una palmerita, de esas arrinconadas en un mueble de visita. Veo fotos en la que se dedican años de amistad. Se escriben tremendo texto, el sentimiento les hará escribir así, pregunto yo. Lástima que yo soy sencillo para esas cosas, no excedo de 140 caracteres y unos cuantos emoticones. Y me subo el autoestima con los likes y me orgasmeo de felicidad al saber que mi foto tuvo alto alcance.

El ser una palmerita ya tiene un sentido en mi vida, representa soledad absoluta, la necesidad de tener una amistad a quien confiar, en realidad sí la tengo, no exceden de dos personas nada más y una en proceso. La única diferencia es que busco que me haga vivir lo que aún no vivo, parece que me he saltado una etapa de mi vida ¿O qué?

Más allá de ser botado, el sentido de ser una palmerita es porque sé que entre amistades, pareja, compañeros y familia, las amistades bien conservadas son con las que mejor conllevas tus rebeldías, disfrutas tus días y literalmente fumas a la juventud en un solo golpe llegando al éxtasis de felicidad sin necesidad de algo sexual.

Es bien difícil asumir eso, pero ¡Vamos! No tener amigos es estar super alone, perdón. Una palmerita, suena más bonito, así nadie se da cuenta.

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Actualización al 09/07: Desde el 05 de Julio pasé de estar con alguien a ser una palmerita, como siempre.