Dramatización: Shipibos y Jóvenes entre Río Verde o un bypass



Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
Escribe: Víctor Mestanza | @vmestanza

En medio de aplausos y críticas por las últimas decisiones del alcalde de Lima, en la que se destaca el borrado de murales y el retroceso de la reforma del transporte, Luis Castañeda hizo un anunció que para unos generó sorpresa y para otros sencillamente lo veían venir: Un bypass y alameda entre las avenidas 28 de julio y Arequipa, con mucha emoción el alcalde lo empezó a difundir de manera masiva en los medios de comunicación, ya sea por TV o escrita, como una de sus obras prometidas en campaña electoral, lo que tanto le caracteriza a nuestra autoridad edil. Las acciones se veían venir, un regidor eufórico denunciando improvisación y un alcalde que ignora toda crítica que venía de poco a poco. Se había anulado Río Verde, un proyecto anunciado en la gestión de la anterior alcaldesa Susana Villarán que pretendía recuperar gran parte del río Rímac. Hoy solo de eso quedaron los grandes folletos que se entregaron durante el lanzamiento del proyecto para abrir paso al financiamiento de un bypass que solo iba a beneficiar a un distrito y que inclusive iba a reducir áreas verdes. Algo se tenía que hacer, la ciudadanía no se iba a quedar de brazos cruzados. Así empieza esta odisea llamada bypass.

No tenía ni cien días de estar en el sillón municipal y sin embargo había gente indignada, tenían ganas de protestar sin duda. Un sábado por la tarde, en un local sindical de la única empresa distribuidora de agua que hay en Lima, se reunieron varios ciudadanos, entre su mayoría jóvenes, varios de estos jóvenes afirman que participaron contra el extinto régimen laboral juvenil que había sido promulgado y tras varias protestas el parlamento dio marcha atrás. Juan Perez, uno de los principales convocadores de este llamado para hacer algo tras esta decisión que la denominaron arbitraria pues se iba a talar árboles de más de 80 años de antigüedad. “¿Quién nos ayuda con la moderación?”, expresó Juan antes de que algún participante se levante y lo tilde de asambleísta o impositor. Empezaron las intervenciones, un desorden total. Alejandro Quispe, uno de los participantes sentenciaba “¡Debemos marchar contra estas acciones! El alcalde está loco”. “Habría que ver quiénes son los que realmente se ven afectados con esto”, expresó Humberto Coronado, uno de los pocos adultos que participaron de este llamado. Luego de una ronda de intervención, reconocieron que había personas que iban a ser las afectadas luego de esta anulación del proyecto Río Verde, era una comunidad shipiba que había negociado con Villarán. “Esta comunidad vive en pésimas condiciones, un relleno sanitario”, expresó Mario Gomez quien tuvo un acercamiento con ellos días después de este anuncio que hizo el alcalde de Lima. En medio de tantas intervenciones sin sentido, varias botellas de agua vacías luego de tanto hablar y algunos empaques de galletas tirados en el piso, la gente se iba agotando y así se iba acabando el día. Entonces, un joven de cabello ondulado que tenía la cara de universitario da por culminada por la reunión. Decidieron marchar un quince de abril, las cosas estaban claras, hay que buscar a los Shipibos, pues ellos también merecían participar de esto.

Alejandro Quispe participó en varios eventos de política, entre ellos las del partido de gobierno, habrá tenido cierta cercanía con alguien del gobierno central, quien sabe. Era una extraña mañana fría en San Juan de Lurigancho. “Las molestias pasan las obras quedan”, era nuevamente este spot de la Municipalidad de Lima en la que se promocionaba por televisión el bypass con bombos y platillos. “En la gestión de Villarán nunca se ha visto eso” sorpresivo indicó Alejandro luego de ver ese spot de casi 40 segundos, un derroche de dinero definitivamente para una entidad pública de tan escasos recursos como una municipalidad. Era tiempo de almorzar antes de partir. Una tarde soleada nos recibía en medio de tanta tierra, habíamos llevado unas cuantas botellas de agua para soportar en el camino, pues en el lugar donde nos dirigíamos no había agua potable, nos aseguraban. Era un camino largo, el transporte público era un infierno que se tenía que soportar. Luego de varios kilómetros de recorrido llegamos al lugar. Unas mujeres vestidas como en la selva nos recibían, alegres todas, unas lavando ropa otras cuidando a los niños. “Son las shipibas”, indicó Alejandro. Había que buscar al representante de esta comunidad. Entre tantos niños jugando en medio del lodo, encontramos a Juan Carlos Ahumada, el representante de la comunidad shipiba, quien nos recibió junto con varias personas detrás. “Bienvenidos jóvenes, esperábamos su llegada” expresó alegre Juan Carlos tras habernos presentado ante su persona. Nos dirigimos hasta su humilde hogar, una bonita casa de madera prefabricada con unos bienes que valen la pena para compartir un hogar multifamiliar. Había bastantes fotografías en su mesa, una de ellas estaba él y Susana Villarán. “Ahí la alcaldesa me apretó de la mano en una de las reuniones que tuvimos con ella” expreso con ironía y con una intención de sarcasmo. Les había prometido un campo habitacional, en la que podían vivir mejor, sin embargo estas promesas quedaron en completa incertidumbre desde la cancelación del proyecto. Se oyó un llanto, era la esposa de Juan Carlos. Expresó su malestar y frustración tras lo sucedido. “Es entendible, somos 60 familias en unas deplorables condiciones no tenemos ni agua ni desagüe, la municipalidad nos prometió reubicación, ahora no sé cómo será” explicó Juan Carlos tras calmar a su esposa quien evidentemente era la más ilusionada con el proyecto que hoy es incertidumbre. Decidimos salir, hacía bastante calor, entre tanto detalle selvático que decoraba algunas partes de la casa miramos a un río, a aquel que le decían “río hablador” en la que las plantas son un milagro de la naturaleza y en donde la basura con los mosquitos pasaban por las riberas como cualquier cosa. No era mucha la distancia entre el río y las casas de esta comunidad, pese a eso, todos estaban tranquilos, como una conexión entre ambos, una conexión riesgosa sin duda. Juan Carlos, sacó entre sus brazos uno de los pocos folletos que hay sobre mayor información sobre Río Verde. “El complejo habitacional que nos prometieron se ve bonito” expresó Juan Carlos en una puesta de sol tan bonita en esa tarde en Cantagallo, mientras tanto, unos hombres estaban tocando flauta y un bombo. Quizás estaban ensayando algún tema musical o no, eso se quedó en el misterio.

Luego de saber algo más sobre esta comunidad shipiba, se mantuvo esas ganas de gritar o reclamar algo que por teoría debe ser respetado: El diálogo. La manera de cómo una gestión puede cambiar sonrisas por tristezas, emociones por decepciones es increíble, pero lo más increíble es no seguir un modelo de visión de ciudad por una sencilla apatía política que debe terminar algún día. ¿Será hoy será mañana? Solo el alcalde lo sabe. Retornamos a nuestras casas luego de un cálido abrazo de Juan Carlos.